martes, 16 de septiembre de 2025

LA IGLESIA DEL NAZARENO CREE EN LA DOCTRINA DE LA SANIDAD DIVINA

La cual incluye la oración de fe por los enfermos y la creencia en que Dios puede sanar de forma sobrenatural, pero también afirma que Dios sana a través de la ciencia médica. No es un favor que se gana, sino un regalo de la gracia de Dios para todos los creyentes.

Los principios claves de la Sanidad Divina en la Iglesia del Nazareno.  

Es un Don de Gracia: La sanidad divina es un favor inmerecido de Dios, al igual que la salvación, que se recibe por fe.

·   Parte de la Expiación: Se considera que la sanidad es parte de la redención que Cristo proveyó en la cruz, siendo un aspecto esencial de Su obra redentora.

·       El Poder de Dios: Se confía en que el poder de Dios puede restaurar el cuerpo y renovar el espíritu, ofreciendo paz y esperanza a los creyentes.

·         La Fe es Esencial: Para recibir la sanidad, se debe tener fe en el poder y la voluntad de Dios para sanarnos, así como en Su Palabra.

·     La Oración de Fe: La comunidad es animada a hacer la oración de fe por los enfermos, confiando en que Dios puede conceder sanidad.

·         Complementariedad con la Medicina: La Iglesia del Nazareno cree que Dios también sana a través de los medios médicos y científicos, por lo que no se debe condenar su uso.

Hablemos ahora sobre la sanidad divina como parte integral del evangelio: Tanto el ministerio de Jesús como de los apóstoles muestran que la sanidad divina es parte integral de la proclamación del mensaje del evangelio. Fue un importante testimonio de Jesús como la revelación del Padre, el Mesías prometido, y el Salvador del pecado (véase Juan 10:37,38).

La Biblia muestra una estrecha relación entre el ministerio de sanidad de Jesús y su ministerio salvador y perdonador. Su poder sanador era en realidad un testimonio de su autoridad para perdonar pecados (Marcos 2:5-12). Con frecuencia, los escritores de los Evangelios atestiguan que sus milagros de sanidad ocurrían paralelamente con su predicación del evangelio, siendo ambos el propósito de su ministerio (Mateo 4:23; 9:35,36).

La gente venía de todas partes, tanto para oírle como para ser sanados (Lucas 5:15; 6:17,18). Él nunca rechazó a nadie, sino que sanó todas las diversas enfermedades, dolencias, deformaciones, defectos, y lesiones (Mateo 15:30,31; 21:14). También echó fuera demonios y libró a la gente de los problemas que éstos causaban (Mateo 4:24).

Jesús reconoció que la enfermedad es el resultado de la caída de los seres humanos en pecado, y que en algunos casos puede deberse a un pecado específico (Juan 5:14) o a la obra de Satanás (Lucas 13:16). Sin embargo, reconoció también que la enfermedad no siempre es el resultado directo de cierto pecado (Juan 9:2,3). En algunos casos era más bien una oportunidad de que Dios fuera glorificado (Marcos 2:12).

Los milagros de sanidad eran una parte importante de las obras que Dios envió a Jesús a hacer (Juan 9:3,4). Esto armoniza con la revelación del Antiguo Testamento de Dios como el Gran Médico, Jehová el Sanador (Éxodo 15:26; Salmo 103:3; los participios hebreos que se usan en ambos casos indican que es la naturaleza de Dios sanar). El ministerio de Jesús puso de manifiesto que la sanidad divina es parte vital de la naturaleza y el plan de Dios.

Las sanidades también sirvieron para identificar a Jesús como el Mesías prometido y el Salvador. Jesús cumplió la profecía de Isaías 53:4: “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores.”  Mateo, en su relato de la sanidad de la suegra de Pedro por mano de Jesús, ve el cumplimiento de este pasaje de Isaías en el ministerio sanador de Jesús: “Para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: Él mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias” (Mateo 8:17).

La sanidad divina siguió siendo parte integral del evangelio a través del ministerio de los apóstoles y de la iglesia primitiva. Jesús envió a los Doce y los Setenta y dos a predicar y a sanar a los enfermos (Lucas 9:2; 10:9). Después del Pentecostés “muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles” (Hechos 2:43). Lucas escribió el libro de los Hechos como continuación de la historia de lo que Jesús hizo y enseñó, no sólo a través de los apóstoles, sino también a través de una iglesia llena del Espíritu Santo (Hechos 1:1,8; 2:4).

El mensaje del evangelio incluye la provisión de los dones espirituales por medio del Espíritu Santo a la Iglesia, entre los que están los dones de sanidades (1 Corintios 12:7). Todos estos dones, entre ellos el de sanidad, siguen edificando a la Iglesia y ofrecen esperanza a todos los creyentes. Además, Santiago afirma que la sanidad es parte normal en las reuniones de la Iglesia. Cada vez que se reúnen los hermanos, cualquiera que esté enfermo puede pedir oración por sanidad (5:14). Se nos asegura de que la sanidad divina es una manifestación permanente del evangelio en el día de hoy, y que continuará así hasta el regreso de Cristo.

LA EXPIACIÓN PROVEE SANIDAD DIVINA

Un estudio del concepto de la expiación en la Biblia muestra que en la mayoría de los casos se refiere a un rescate que se paga por redención y restauración, que señala a la redención hecha por Jesucristo mediante el derramamiento de su sangre en nuestro favor. El apóstol Pablo lo describe de esta manera: “A quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre” (Romanos 3:25).

La palabra “propiciación”, traduce el griego hilasterion, que también puede ser traducida como expiación o propiciatorio. En Levítico 16 se registra lo que Dios esperaba de Israel para el Día de la Expiación y el ministerio del sumo sacerdote de rociar la sangre del sacrificio por el pecado sobre el propiciatorio. El arca contenía las tablas de piedra de la Ley, que el pueblo no había cumplido. La Ley quebrantada exigía el juicio y la muerte. Pero cuando era rociada la sangre de un cordero sin mancha, que proféticamente anunciaba la vida sin pecado de Cristo, Dios veía esa vida sin pecado en vez de la ley quebrantada y mostraba su misericordia y bendición.

El propósito principal de la expiación era la purificación del pecado (Levítico 16:30). Sin embargo, también está claro que la expiación traía liberación del castigo y las consecuencias del pecado, con el fin de hacer posible la restauración de la bendición y el favor de Dios. Cuando el pueblo de Israel se quejó después del juicio que vino tras la rebelión de Coré, Datán y Abiram, Dios envió una plaga sobre los hijos de Israel. Moisés envió a Aarón a que fuera en medio de la congregación e hiciera expiación por ellos, y así cesó la mortandad (Números 16:47,48). La Ley de Moisés requería que cuando se contara a los hombres de Israel, cada uno diera una ofrenda de expiación de medio siclo para su redención y para evitar que viniera sobre ellos mortandad (Éxodo 30:11-16). De tal modo la expiación proveía purificación del pecado y sus consecuencias, incluyendo las enfermedades.

Se ve claramente en la Biblia que los seres humanos no podemos pagar el precio de nuestra redención, por lo cual Dios, en su amor y para la gloria de su nombre, proveyó la máxima expiación (Romanos 3:25; véanse también Salmos 65:3; 78:38; 79:9; Romanos 3:21-28). Todo esto lo hizo Cristo en el Calvario (Juan 3:14-16). Allí Él hizo expiación plena por toda la persona. El Nuevo Testamento se refiere a esto como “redención”, lo cual esencialmente tiene el mismo significado que “expiación”. Por medio de Cristo hemos recibido la redención y el perdón de los pecados (Romanos 3:24; Efesios 1:7; Colosenses 1:14; Hebreos 9:15).

La redención, obrada mediante la expiación de Cristo, provee reconciliación por el pecado y sus consecuencias. Aun cuando la enfermedad no es resultado directo de un pecado específico, está en el mundo a causa del pecado. Por lo tanto, está entre las obras del diablo que Jesús vino a destruir (1 Juan 3:8), y está incluida en la Expiación.

Del paralelo entre redención y expiación, vemos que la provisión de sanidad para nuestro cuerpo es parte de la redención que se menciona en Romanos 8:23. Recibimos el perdón de los pecados ahora mediante la redención de nuestra alma. Recibiremos la redención de nuestro cuerpo cuando seamos arrebatados para encontrarnos con el Señor, y seamos transformados a su semejanza (1 Corintios 15:51-54; 2 Corintios 5:1-4; 1 Juan 3:2). La sanidad divina es un anticipo de esto, y así como todas las bendiciones del evangelio, emana de la Expiación.

LA SANIDAD DIVINA ES UN DON DE LA GRACIA DE DIOS PARA TODOS

Así como la salvación es por gracia mediante la fe (Efesios 2:8), recibimos todas las bendiciones y los dones de Dios por su gracia, o su favor inmerecido. No se pueden ganar ni merecer. Cabe señalar que, en vez de exigir sanidad, el Nuevo Testamento registra que la gente venía a Jesús suplicando su ministerio de compasión. No veían la sanidad como un derecho, sino como un privilegio misericordioso que les era ofrecido.

El hecho de que no podemos ganar las bendiciones de Dios, ni tampoco la sanidad divina, debe hacernos entender la importancia de cultivar nuestra vida en el Espíritu, porque el Espíritu “vivificará nuestros cuerpos mortales”, y esa es nuestra gran esperanza (Romanos 8:11). En realidad, aunque nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior se renueva de día en día (2 Corintios 4:16).

Esta renovación interior es la que nos capaz de tener fe para recibir el don de sanidad divina. A la mujer sanada, que había padecido de flujo de sangre por doce años, Jesús dijo: “Hija, tu fe te ha hecho salva” (Marcos 5:34). Pablo, en Listra, cuando vio que su predicación había producido fe para sanidad en el corazón de un hombre imposibilitado de los pies, le mandó que se pusiera de pie (Hechos 14:9,10). La fe se manifestó también en el centurión romano que reconoció la autoridad de la palabra de Cristo para que su siervo sanara (Mateo 8:5-13) y en la mujer cananea que creyó en Jesús para la sanidad de su hija (Marcos 7:24-30; Mateo 15:28).

El hecho de que la sanidad divina viene por la fe se ve confirmado cuando la incredulidad impidió que fuera recibida en Nazaret (Marcos 6:5,6) y al pie del Monte de la Transfiguración (Mateo 17:14-20). En Santiago 5:15 hay una promesa de que la oración de fe, hecha por los ancianos de la iglesia a favor de los enfermos, salvará al enfermo y el Señor lo levantará. La fe, entonces, recibe la sanidad sencillamente por palabra del Señor. Pero Jesús no dejó desatendidos a los que tenían poca fe, o que no expresaban fe en absoluto. Para los que están enfermos a menudo no es fácil expresar la fe, y Jesús hizo varias cosas para ayudarlos. Tocó a algunos (Marcos 1:41; 8:22), los tomó de la mano (Marcos 1:31; Lucas 14:4), o puso las manos sobre ellos (Marcos 6:5; 8:25; Lucas 4:40; 13:13). Ayudó a otros de diversas maneras, lo cual requirió de fe y obediencia por parte de ellos (Marcos 7:33; 8:23).

La promesa de que cualquiera “que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también” está estrechamente relacionada con la oración, que pide en nombre de Cristo (Juan 14:12-14; 16:23,24). El uso del nombre de Jesús no es una fórmula de la que se valen los seres humanos para forzar la respuesta de Dios. Su nombre es la revelación de su carácter y naturaleza, que tenemos en nosotros sólo si permanecemos en Cristo y sus palabras permanecen en nosotros (Juan 15:7). Como resultado, su voluntad domina en nuestra vida, y conforma nuestra voluntad a la suya. Por lo tanto, nuestras peticiones en su nombre cada vez más armonizan más con su voluntad, y abren camino para que Él responda a nuestras oraciones.

La revelación de Dios como “Jehová tu sanador” (Éxodo 15:26) no se limita a Israel. La sanidad del siervo del centurión y de la hija de la mujer cananea muestra que la sanidad es privilegio también de los gentiles. En realidad, hay sanidad para todos los que la deseen y respondan a Jesús. Hay evidencia de que el don de sanidad de Dios, aun puede ser experimentado por una persona antes de que haya recibido perdón de sus pecados, como en el caso del paralítico en el estanque de Betesda (Juan 5:2-9,14).

 

También, Jesús envió a los diez leprosos a quienes había sanado a que fueran a mostrarse a los sacerdotes (Lucas 17:14). Bajo la Ley, los sacerdotes eran los encargados del diagnóstico, las cuarentenas, y la salud (Levítico 13:2 ss.; 14:2 ss.; Mateo 8:4). Así, Jesús reconoció que hay lugar para los diagnosticadores humanos.

A través de la habilidad y la formación de los médicos se producen recuperaciones y restauraciones, una verdad que no niega ni menosprecia la fe en la sanidad divina. Nos alegramos cuando Dios, que es la fuente de toda sanidad, obra a través de los médicos; damos gracias por su dedicación, y ofrecemos continua alabanza a Dios. Aun con todo su conocimiento, su formación, y sus habilidades, los médicos no son la última palabra en el diagnóstico de enfermedades humanas. Ponemos firmemente nuestra confianza en Dios, que es más que capaz de dar sanidad en una situación que se considera sin esperanza.

LA SANIDAD DIVINA SE CUMPLIRÁ PLENAMENTE CUANDO VUELVA JESÚS

Vivimos en el presente entre la primera y la segunda venida de Cristo. En su primera venida, a través de su vida, muerte, y resurrección proveyó la expiación por el pecado y sus consecuencias. En esta era, se ve la sanidad divina, un don de la gracia de Dios, como una expresión anticipada de la completa redención del cuerpo humano. En su segunda venida, lo que se inició se consumará: se cumplirá la salvación del pecado y de todos sus efectos. En este período del “ya pero no todavía” algunos son sanados instantáneamente, otros poco a poco, y otros no son sanados.

La Biblia indica que hasta que Jesús venga gemimos, porque aún no hemos recibido la redención total de nuestro cuerpo (Romanos 8:23). Sólo cuando los muertos en Cristo resuciten y seamos transformados recibiremos un cuerpo nuevo que es como su cuerpo glorioso (1 Corintios 15:42-44,51-54). Aun los seguidores de Cristo gimen, con dolores de parto, como el resto de la creación, y esperamos con paciencia el cumplimiento de nuestra esperanza (Romanos 8:21-25). Pablo describe al cuerpo humano como “templo del Espíritu Santo” (1 Corintios 6:19); debemos cuidar de él y evitar cosas que lo perjudiquen. Pero no importa lo que hagamos por este cuerpo, no importa cuántas veces seamos sanados, a menos que intervenga el rapto de la Iglesia, un día moriremos.

La sanidad divina tampoco es un medio de evitar los efectos de la vejez. Hasta el día de su muerte, Moisés mantuvo la lucidez de sus ojos y el vigor de su cuerpo (Deuteronomio 34:7); pero ese privilegio no se le concedió al rey David (1 Reyes 1:1-4). La debilitación gradual de la edad avanzada, que en Eclesiastés 12:1-7 se explica de manera muy acertada, es la experiencia común tanto de creyentes como de inconversos. La sanidad está disponible para los ancianos; pero la parte del cuerpo que se cura normalmente sigue envejeciendo como el resto del cuerpo. No tenemos aún la redención del cuerpo.

TRABAJO DE INVESTIGACIÓN BIBLIOGRAFICA

Según LA BIBLIA, Satanás es una entidad espiritual maligna que fue originalmente un ángel creado por Dios llamado Lucifer, pero se rebeló por orgullo y fue desterrado del cielo. Conocido también como el Diablo, es el "adversario", el "tentador" y el "enemigo" de Dios y de la humanidad. Su objetivo es destruir el plan de Dios, tentar a las personas al pecado, sembrar duda y confusión, y oponerse a todo lo que es bueno y justo.

La Biblia Satánica es una colección de ensayos, observaciones y rituales publicada por Anton LaVey en 1969. Es el texto religioso central del satanismo laveyano, y se considera el fundamento de su filosofía y dogma.​ Ha sido descrito como el documento más importante para influir en el satanismo contemporáneo.​ Aunque La Biblia Satánica no se considera una escritura sagrada como lo es la Biblia cristiana para el cristianismo, los satanistas laveyanos la consideran un texto autorizado,​ ya que es un texto contemporáneo que ha alcanzado para ellos el estatus bíblico.​ Exalta las virtudes de la exploración de la propia naturaleza e instintos. Los creyentes han sido descritos como «satanistas ateos» porque creen que Dios y Satán no son entidades externas, sino proyecciones de la propia personalidad del individuo: fuerzas benévolas y estabilizadoras en su vida. Se han realizado treinta ediciones de La Biblia Satánica, de las que se han vendido más de un millón de ejemplares.​

Otros textos es La Invención Del Satanismo de Asbjørn Dyrendal, James R. Lewis y Jesper Aa. Petersen, este es un estudio sobre el satanismo como movimiento moderno y su interacción con la cultura popular, que argumenta que el satanismo es un proceso en constante evolución. Los autores analizan cómo el satanismo se ha "inventado" a través de la adaptación de elementos de la cultura oculta y el folklore, especialmente en la fundación de la Iglesia de Satán por Anton LaVey, y cómo continúa reinventándose en sus diversas formas contemporáneas.

Con relación a Demonios podemos mencionar que son seres sobrenaturales, a menudo malévolo, que aparece en diversas religiones, ocultismo y folklore como un espíritu maligno. En la tradición judeocristiana, son ángeles caídos que se rebelaron contra Dios, liderados por Satanás, y buscan corromper a la humanidad. También pueden referirse a fuerzas negativas, obsesiones o incluso personas astutas, aunque estas son acepciones coloquiales.

En el ámbito religioso (cristianismo) son seres espirituales maléficos. Los demonios son ángeles que se rebelaron contra Dios y siguieron a Satanás, su propósito es debilitar el nombre de Dios, destruir a los creyentes y engañar a las personas.

Actúan en un reino de tinieblas bajo el liderazgo de Satanás, y pueden influir en las ideas y la vida de las personas. Se mencionan líderes y tipos de demonios, como Satanás (el "príncipe de los demonios" según Mateo 12:24) y el espíritu "Legión".  En otras tradiciones, los demonios son seres sobrenaturales opuestos a los seres de la luz, que representan la oscuridad y el caos. Filósofos y pensadores medievales describían a los demonios como espíritus que podían susurrar al oído o actuar directamente sobre el espíritu imaginativo humano.

El ocultismo se refiere al estudio y la búsqueda del conocimiento oculto, a menudo con el objetivo de alcanzar la comprensión espiritual o el poder personal. El término deriva del latín occultus, que suele traducirse como oculto, escondido o secreto, el concepto está estrechamente vinculado a las prácticas esotéricas, místicas y sobrenaturales.

En la tradición occidental, el ocultismo es el estudio o la búsqueda de conocimiento e información ocultos, en particular con el supuesto propósito de obtener comprensión espiritual o adquirir poder personal. Su estrecha relación con prácticas esotéricas, místicas y sobrenaturales se remonta a principios del siglo XVII. Los términos “oculto” y “culto” a veces se confunden, ya que las sectas dedicadas a prácticas ocultas suelen denominarse “cultos”. Sin embargo, etimológicamente, ambos términos no tienen relación.

A través de la cultura popular, el ocultismo se ha vinculado con objetos que supuestamente facilitan el contacto con espíritus o la adquisición de conocimientos inalcanzables de otro modo. Ejemplos destacados incluyen las cartas astrales, las bolas de cristal, las tablas de ouija y las cartas del tarot. Otros aspectos del ocultismo se centran en prácticas como la alquimia, el contacto con fantasmas o espíritus, la adivinación, la magia y la brujería. La representación común del ocultismo como una actividad centrada en la canalización de seres sobrenaturales malignos, como demonios, o en la comunión con el diablo cristiano es en gran medida exagerada.

La brujería se refiere al conjunto de prácticas mágicas o supersticiosas atribuidas a personas que supuestamente tienen poderes sobrenaturales, ya sea por conocimiento arcano o pactos con entidades. Estas prácticas implican el uso de rituales y canalización de energías con la intención de modificar la realidad, lo que puede manifestarse en magia blanca (protección, sanación), magia negra (manipulación, daño), magia verde (conexión con la naturaleza), o magia roja (pasión, amor).

Tipos y enfoques:

·         Magia Blanca: Se enfoca en la protección, sanación y bienestar.

·         Magia Negra: Se utiliza para influir en otros, causar obstáculos o manipular.

·         Magia Verde: Involucra el trabajo con la naturaleza, sus elementos y seres elementales como hadas y duendes.

·         Brujería Tradicional: Se basa en la conexión con la tierra, los espíritus y los ancestros.

Elementos comunes:

·         Intención: La intención con la que se realizan los actos mágicos es fundamental.

·         Rituales: Se pueden emplear rituales, conjuros, salmos, o el uso de objetos para la práctica.

·         Creencias: Puede basarse en la fe, pactos con entidades demoníacas, o el uso de conocimiento oculto.

En la actualidad:

La brujería se ha modernizado, volviéndose más terapéutica y accesible para quienes buscan crecimiento personal y espiritual. Algunas personas la consideran una profesión, integrando trabajos espirituales y terapias para el bienestar.

Contexto histórico:

Históricamente, la brujería se asoció con la idolatría, la herejía y el culto al Diablo, lo que llevó a la persecución de quienes practicaban estas artes, especialmente entre los siglos XV y XVII en Europa.

COMUNITARIA

De los fenómenos antes mencionados que están presentes en la Ciudad de Panamá lugar donde servimos puedo mencionar que lo que más se ve son tiendas de ventas de artículos para brujería y esoterismo, en cada centro comercial puede existir un local comercial para estas actividades.

En Panamá, el esoterismo no forma parte de las investigaciones de universidades. Sin embargo, ha sido cultivado como una forma de vida casi religiosa por ciertas organizaciones como los rosacruces, masones y grupos afines, que se dedican a actividades culturales y filantrópicas. El estudio académico de estas organizaciones en Panamá es en la actualidad terra nullius, un territorio no explorado. Estudiarlas quizá revele aspectos de nuestra identidad cultural que hasta ahora no han sido muy claros y que sin duda requieren de luz para entender un poco más lo que somos y hacemos como nación.

En particular, la política nacional podría ser entendida desde esta singular perspectiva, la cual develaría las ideas que han constituido los caudillos o líderes políticos y empresariales que, con diversos grados de influencia o poder, han condicionado los senderos de este país a través de su historia.

Dicho todo lo anterior, se abre pues la posibilidad de una nueva área de investigación para Cristianos, Pastores, y otros profesionales que se interesen por este tema

El Problema del mal

Es una cuestión filosófica y teológica que cuestiona la compatibilidad entre la existencia de un Dios omnipotente, omnisciente y bueno, y la presencia del mal y el sufrimiento en el mundo. La dificultad surge de la contradicción aparente entre un Dios que podría eliminar el mal (por ser todo poderoso) y que desearía hacerlo (por ser bueno), y el hecho de que el mal existe.

 A “Epicuro” se le atribuye la primera formulación de este dilema en la antigüedad, planteando un acertijo: si Dios quiere eliminar el mal, pero no puede, es impotente; si puede, pero no quiere, no nos ama; si no puede ni quiere, es imperfecto; si puede y quiere, ¿por qué existe el mal?

El problema se suele plantear como una contradicción entre la existencia del mal y los atributos divinos de omnipotencia, omnisciencia y benevolencia. 

1-   Es importante mencionar los diferentes tipos de mal, tales como la imperfección y corrupción de las cosas, una privación o ausencia del bien debido a la vulnerabilidad de las criaturas, como la corrupción de lo que debe ser. El daño y sufrimiento causado por las acciones voluntarias de los seres humanos.  El sufrimiento provocado por fenómenos naturales como catástrofes, que no son directamente responsabilidad humana, aunque nace la pregunta ¿Y qué de la contaminación ambiental y la maña disposición de los residuos?

La idea de que Dios permite el mal para preservar el libre albedrío humano como un bien mayor y otros argumentos que afirman que el sufrimiento es una consecuencia del pecado y que Dios ofrece una solución a través del perdón y la salvación.

La pregunta de ¿si el mal es una ilusión? tiene distintas respuestas según el contexto filosófico o teológico. Desde la perspectiva de la Ciencia Cristiana, el mal se considera una ilusión que no tiene una existencia real, separada de un espíritu infinito. En contraste, para la ética y la filosofía, el mal a menudo se entiende como la ausencia de bondad o como una construcción social, no tanto como una ilusión pura sino como una falta o una percepción que puede cambiar.

El mal no es bueno: el bien y el mal son conceptos opuestos, donde el mal se entiende como la ausencia del bien. Algunas visiones religiosas y filosóficas proponen que el mal tiene un propósito divino, actuando como una prueba o un medio para el crecimiento espiritual, aunque esto no lo hace intrínsecamente bueno. El mal es visto como una privación o falta de bien, más que como una entidad propia, y se origina en la elección libre del ser, según algunas tradiciones.

El mal es el resultado natural de la libertad y el pecado humano. Si los hombres no hubieran pecado no habría mal, es importante aclarar que no todo el mal es consecuencia del pecado.

Aunque en Lamentaciones 3:38 se afirma que el mal y el bien provienen de Dios, las interpretaciones cristianas explican que esto se refiere a que Dios tiene soberanía sobre todas las cosas, incluso sobre lo que es moralmente malo, para cumplir Sus propósitos. El mal, según algunas perspectivas, es una privación de lo bueno, más que una sustancia en sí misma, y se manifiesta a través de las elecciones humanas.

El mal y el sufrimiento son consecuencia del pecado original, no un castigo directo por cada pecado específico, pero la Biblia sí enseña que los malvados enfrentarán consecuencias o castigo por sus malas acciones, mientras que los creyentes pueden recibir corrección o disciplina de Dios por amor.

2-    Hacia una comprensión del problema

El mal no estaba en el universo antes del pecado de Adán, ya que Dios creó todo "muy bueno" (Génesis 1:31), pero sí existía en la forma del ángel Lucifer (Satanás) que pecó y cayó antes de la creación del hombre. Fue el acto de rebelión de Satanás el que introdujo el pecado y la desobediencia en el cosmos, lo que eventualmente llevó a Adán y Eva a caer y, con ellos, el mal se introdujo en el mundo humano. Rescato en las copias el texto que dice que “es evidente que no puede haber anti creatividad hasta que no haya creatividad”.

3-    Hacia una respuesta bíblica

 El mal penetra en todas las fases de la experiencia humana y hasta que no haya un cielo nuevo y una tierra nueva, será necesario enfrentarlo y combatirlo en esta vida.

La solución principal para el mal moral interior reside en la educación de la conciencia y el fortalecimiento de la voluntad, mediante la autorreflexión, la formación de una jerarquía de valores recta, el seguimiento de los dictados de la conciencia bien informada y la práctica de la autenticidad. También se incluye la práctica de principios éticos universales, como el respeto a los demás, y la búsqueda de equilibrio personal para vivir de acuerdo con los valores más profundos.

Al aceptar el mal como una oportunidad para el aprendizaje. El sufrimiento que el mal produce deja de ser un “callejón sin salida”, Se lo incluye dentro de un plano de significación más amplio, y se lo transforma en una herramienta para el desarrollo del carácter y la perspectiva. Probablemente no haya mal, de cualquier forma y carácter que sea, que no pueda servir como instrumento de nuestra instrucción.

CONCLUSIONES

Dios no envía el mal, pero si obra a través de él. Romanos 8:28, uno de los versículos más conocidos de la Biblia, afirma que Dios hace que todas las cosas obren para bien de quienes lo aman y son llamados según Su propósito. Esto significa que, aun en medio de dificultades y pruebas, Dios tiene un plan que nos transforma y nos conforma a la imagen de Jesucristo, su propósito final.

La redención final: Él es, con referencia al pasado el Creador; en el presente es él Sustentador; en una perspectiva futura él que cumple todas las cosas, o sea el Redentor de toda la creación.