John Wesley: Obras Completas Tomo VII, La Vida Cristiana, Sobre la Esclavitud
Al
adentrarnos en la lectura podemos entender que Wesley trata sobre asuntos de
conducta tales como la vestimenta, la responsabilidad política, o la actitud
cristiana hacia la esclavitud, al tiempo que reconoce el valor de los consejos
y a través de toda su vida llamará a sus seguidores a una vida santa, reconociendo
también el peligro de que se llegue a pensar que la santidad es el camino que
conduce a la salvación, de tal modo que los creyentes, en lugar de confiar en
la gracia de Dios, confíen en su propia santidad.
Una
de las afirmaciones categóricas es que la vida cristiana subraya la importancia
de la santificación para la vida y por ello las cuestiones éticas son para él
de importancia fundamental. Aunque algunos elementos de la tradición wesleyana
han subrayado la santificación personal, y otros han hecho caer el énfasis
sobre la responsabilidad social de los cristianos, lo cierto es que para Wesley
ambas cosas son inseparables.
La
vida cristiana es necesariamente vida en comunidad, y
por tanto la santificación ha de manifestarse, no solamente en la vida interior
y en el desarrollo del carácter individual, sino también en las relaciones con
los demás, y en el modo en que nos comportamos en esas relaciones, incluso las
de carácter político y económico.
Según
Wesley, el evangelio no reconoce ninguna religión que no sea social,
ninguna otra santidad que no sea la santidad social. Y en su
sermón número 24 dice: “Trataré de demostrar que el cristianismo es
esencialmente una religión social, y que tratar de hacerlo una religión
solitaria es en verdad destruirlo”. Por cristianismo quiero decir ese
método de adorar a Dios que Jesucristo reveló a la humanidad. Cuando digo que
ésta es esencialmente una religión social, quiero decir que no sólo no puede
subsistir, sino que de ninguna manera puede existir sin la sociedad, sin vivir
y mezclarse con los seres humanos.
Esta
extensión social de la fe y de la santidad va mucho más allá de la comunidad de
la iglesia, es por ello que Wesley se preocupa constantemente por la vida
social, política y económica de Inglaterra. Pudimos entender en esta lectura
que Wesley defendiendo la autoridad del Rey y de sus ministros, especialmente
frente a la rebelión de las colonias norteamericanas.
Es
muy posible y hasta probable que buena parte de lo que allí dice sobre la
autoridad de los gobiernos, sobre el carácter de la libertad política, y
especialmente sobre las falacias de la democracia, no sea del agrado de muchos
lectores modernos.
Ciertamente,
sus opiniones al respecto muestran hasta qué punto Wesley era hijo de su siglo,
y reflejaba sus prejuicios de clase, de género y de nación. Pero al mismo
tiempo hay que reconocer en la mayoría de sus argumentos en torno a estas
cuestiones un verdadero y sincero interés por fundamentar sus posiciones
políticas y sociales, no en conveniencias políticas o de clase, sino en la
soberanía de Dios y los principios del amor en acción. Quizá sea por esto que,
al tiempo que sus actitudes en defensa de la monarquía nos chocan, algunas de
sus críticas de la idea moderna de la libertad nos hacen pensar.
El
punto estelar de la ética social de Wesley es su oposición a la esclavitud, y
los argumentos que emplea en ese contexto, examina varios aspectos de la
esclavitud, y la condena con argumentos fulminantes. En ese contexto, es
importante señalar que, aunque Wesley era por lo general conservador en
cuestiones políticas, e insistía en la obligación por parte de los cristianos
de cumplir la ley, en este caso no admite el argumento de que la esclavitud
puede practicarse porque es legal.
Así dice: El gran alegato es: [estas cosas] están
autorizadas por ley.
¿Pero puede la ley, la ley humana, cambiar la naturaleza de
las cosas?
¿Puede transformar las tinieblas en luz, o el mal en bien?
De ninguna manera. No importan diez mil leyes, lo justo es
justo, y lo incorrecto todavía es incorrecto.
IDEAS
CENTRALES DEL TEXTO:
Wesley
generalmente evade la trampa del paternalismo en contraste con los muchos
argumentos, tanto en pro como en contra de la esclavitud, basados en una
supuesta superioridad de los europeos sobre los negros. Basa su argumentación en la humanidad esencial
de los africanos, en todo semejante a la de los ingleses.
Defiende
la libertad de los esclavos, libertad “a la cual un angoleño tiene el mismo
derecho natural y a la cual le reconoce tan alto valor como un inglés”.
Y en
otro momento habla de un esclavo que le preguntó a su amo qué le parecería si
alguien viniera de África y se llevara a su mujer e hijos como esclavos, con el
resultado de que el amo renunció a la esclavitud a partir de entonces.
La
esclavitud fue una de las dos razones principales por las que Wesley se opuso a
la independencia norteamericana. Una de ellas, frecuentemente citada, es su
franca posición en defensa del Rey y de las autoridades establecidas.
Los
rebeldes norteamericanos le parecían hipócritas en tanto reclamaran libertad
para sí, y no para sus esclavos.
Es por
eso que rechaza el reclamo por parte de los rebeldes, que desean librarse de la
esclavitud. Desde el punto de vista de Wesley, los rebeldes no son esclavos,
primero, porque gozan de las libertades de la mayoría de los ingleses y segundo
porque hay una vasta diferencia entre su condición y la verdadera esclavitud.
ü ¿Quién
entonces es esclavo? Averigüe en América y lo verá fácilmente.
“Observe a aquel negro que se desmaya bajo su carga, sangrando bajo el látigo.
Él es esclavo”.
ü ¿Y no
hay diferencia entre él y su amo? Sí: el uno grita: ¡Asesinato
Esclavitud! ¡El otro silenciosamente se desangra y muere!
ü ¿Pero
entonces dónde está la diferencia entre la libertad y la esclavitud? En
que usted y yo, los ingleses en general, vamos donde queremos, gozamos del
fruto de nuestros trabajos: esto es libertad. El negro no puede: eso es
esclavitud.
ü ¿Todo
este reclamo sobre la libertad y la esclavitud, no es entonces mera declamación
y juego de palabras? El otro tratado en la colección que sigue
que merece especial atención es el que se refiere a las causas de la escasez y
el alto precio de los comestibles.
COMENTARIOS
VALORATIVOS:
Wesley
ofrece su crítica del orden económico y social de la Inglaterra de su tiempo,
con base a las consecuencias que tiene para los pobres, escribe fuertes
palabras contra las bebidas destiladas. Pero su oposición al alcohol no se debe
tanto a su rechazo de la borrachera que sí rechaza fuertemente como a las
consecuencias económicas de la práctica de utilizar buena parte del trigo que
se produce para destilar alcoholes.
Todo
el texto es una crítica al sistema económico de la época, su ataque a la
esclavitud, y tantas otras cosas que no hemos mencionado son parte de su
entendimiento de la santidad, no en teorías políticas y económicas, aunque
Wesley, como cualquier otro ser humano, tenía teorías conformes con su tiempo y
circunstancia, sino en esa búsqueda de la santidad que fue parte de su vida
desde los días tempranos del Club Santo de Oxford, y hasta el fin de La vida
cristiana.
Con
relación a lo económico no sólo predicaba el compartimiento de bienes, sino que
lo practicaba. Para él, parte de la santidad eran los famosos tres puntos:
- 1. gana
todo lo que puedas
- 2. ahorra
todo lo que puedas
- 3. da
todo lo que puedas.
Pero
hay que aclarar que el segundo punto, “ahorra todo lo que puedas”, no quería
decir, como parece querer decir para algunos de nosotros hoy, guarda todo lo
que puedas, sino más bien, deja de gastar todo lo que puedas,
para que entonces puedas darlo.
En
lo político y social, los ataques de Wesley contra la esclavitud, el
colonialismo y el elitismo social no eran parte de un programa político
autónomo, sino de la misma búsqueda de santidad.
Con
todo esto con su crítica al orden económico, al sistema colonial, a la
esclavitud, y hasta a la revolución norteamericana, Wesley sencillamente está
aplicando lo que dijo en aquella advertencia que citamos al principio: “El
evangelio no reconoce ninguna religión que no sea social, ninguna otra santidad
que no sea la santidad social”.